Vista del Palacio del Real. Sala de Armas del Círculo Recreativo Militar Rey Juan Carlos, Valencia
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El desaparecido Palacio del Real fue sin duda, uno de los edificios más relevantes de cuantos se construyeron en la ciudad de Valencia, y paradójicamente es quizá uno de los edificios más ignorados o desconocidos. Sin embargo, su dilatada historia lo convirtió en reflejo de los modos y formas constructivas de las distintas épocas vividas, -desde sus inicios como palacio de recreo árabe, pasando por su conversión en palacio de los reyes cristianos de la Corona de Aragón durante el medievo, a residencia de la corte virreinal en época Moderna o de los Capitanes Generales hasta su demolición en 1810-, en todos estos siglos se sucede una larga historia tejida por numerosas intervenciones, ampliaciones, reformas que hicieron de él, el receptor de un cúmulo de experiencias arquitectónicas.
Su total destrucción en 1810, argumentada por la necesidad de defensa de Valencia, ante la invasión francesa, provocó que de su memoria solo mantengamos algunos nombres como el Puente del Real, puente sobre el río que comunicaba la ciudad con el palacio, Llano del Real, espacio que se extendía en forma de enorme plaza frente a su extensa fachada o Jardines del Real, viveros o jardines públicos que se acondicionaron en el antiguo emplazamiento del palacio.
Por lo demás, tampoco eran excesivamente conocidas las referencias gráficas al palacio, -algunos planos incompletos, escuetas imágenes en planos generales de la ciudad, o grabados relativamente tardíos de la fachada principal-. Ello unido a la falta de un análisis histórico y arquitectónico en profundidad, había dado como resultado un casi completo desconocimiento; excepción hecha de los jardines1, ensalzados especialmente por los visitantes extranjeros, y de algunos elementos anecdóticos, en especial, la colección zoológica, con leones, osos, ciervos, faisanes o pavos reales, que albergaba el Real y que también fue objeto de admiración.
Poco a poco este descuido se va resolviendo con un acercamiento más científico al edificio. La apertura de la calle para la realización de un colector en 1986 dejó a la vista una pequeña parte de los restos del palacio durante un tiempo, en el que se realizaron catas arqueológicas y el correspondiente levantamiento de planos –aunque muy parciales-, ya que los restos fueron de nuevo cubiertos2. Posteriormente, se procedió a un análisis de los materiales gráficos que se conocían del Real y una primera aproximación a partir de noticias inéditas de archivo que mostraban la riqueza de la documentación conservada sobre el edificio3. De forma más reciente con la publicación de unos planos que se mandaron levantar en 1802, en vísperas de su demolición4. Estos planos, sumados a los publicados con anterioridad, -especialmente unos planos de planta del siglo XVI5 y un plano de 17616- serán ahora cotejados y comparados con el detenido estudio de la ingente documentación que albergan diferentes archivos y que convenientemente analizada permitirá una aproximación mucho más rigurosa al edificio, como se pretende en el presente texto, que es un avance de una monografía mucho más amplia y completa que está a punto de ver la luz7.

Vista del Palacio del Real, publicada en la "Geografía del Reino de Valencia"
Análisis histórico
El Real de Valencia se enraiza en la larga tradición de palacios urbanos que los monarcas de la Corona de Aragón tuvieron en las ciudades principales de sus territorios. Así como en la Corona de Castilla, los monarcas en muchas ocasiones utilizaron para residencia algunos de los principales monasterios en las diferentes ciudades de sus dominios, en la Corona de Aragón, aunque también emplearon monasterios como el de Poblet, fue frecuente contar con un palacio concreto donde instalar la corte cuando se visitaba la ciudad. Pero mientras podemos conocer aunque sea de forma parcial e imperfecta algunos de los más importantes palacios en estas ciudades, la Almudaina de Palma de Mallorca, la Aljafería de Zaragoza, el Castel Nuovo de Nápoles, el Palacio Real de Palermo o el palacio de los Reyes en Perpignan, por citar los de las ciudades más destacadas, el Real de Valencia es el único de esta serie que fue totalmente arrasado y prácticamente ha pasado desapercibido en el conjunto de la historiografía sobre esta tipología.
Su origen se sitúa en el emplazamiento de una antigua almunia o casa de recreo que perteneció a los monarcas árabes de la ciudad. Al otro lado del río, extramuros, y comunicado con la ciudad por medio de un puente sobre el Guadalaviar, el Real, gozó de una extensión enorme, que le venía facilitada por su situación fuera del caserío, lo que permitió que fuera ampliándose y creciendo y llegara a contar con un frente de fachada de más de 200 metros, que nos da una idea de la magnitud del edificio. Rodeado de extensos jardines, su arquitectura estuvo íntimamente ligada a los huertos, al agua, a las acequias, que transcurrían en torno a él, y que remiten igualmente a este origen árabe.
Precisamente una de las primeras referencias históricas al edificio, donde ya aparece con el nombre de Real, se encuentra en la crónica de la conquista de Valencia, por parte del rey Jaime I, quien en el sitio de la ciudad en 1238, se encontraba, entre las torres de la muralla, ante la rambla y el río y el Real8. Las catas arqueológicas dieron cuenta del hallazgo de varios restos fragmentarios de basas y capiteles califales, cuya datación se situaba a mediados del siglo X, por su semejanza con algunas de Madinat al Zahra, y que posiblemente se pueden considerar ya como material reutilizado en la época de construcción de la almunia del rey Ceit-Abu-Ceit, presumiblemente de cronología posterior (periodo taifa)9. Pero el análisis de los planos, la información documental y el conocimiento que tenemos, parecen indicar que este primer edificio, no era excesivamente monumental. Posiblemente no se mantuvieron apenas restos de su arquitectura en las sucesivas construcciones que se siguieron, alejando su modelo de otros edificios aúlicos pertenecientes a los reinos Taifas, como la Aljafería, que conservó mucho más de su fisonomía original. El Real cabe presuponerse que fue prácticamente reconstruido como residencia de los monarcas aragoneses casi en su totalidad, a partir de la conquista cristiana, incorporando algunos restos muy parciales de la arquitectura anterior.
Ciertamente la época de mayor auge arquitectónico y de configuración de la imagen del Real valenciano es claramente posterior, y a unas pequeñas transformaciones que se efectuaron al poco de la conquista cristiana que supusieron el arranque del nuevo palacio, se siguió una verdadera reconstrucción a partir del reinado de Pere el Ceremoniòs (1336-1387). Este fue el momento de auténtica configuración del conjunto arquitectónico del palacio, al que siguió otro momento también muy significativo, encabezado por el rey Alfons el Magnànim (1416-1458). Ambos monarcas invertirían considerables sumas de dinero, seguirían personalmente el desarrollo de las obras, y permitirían la contratación de los más destacados maestros, para hacer del Real valenciano una de las residencias más significativas de sus reinos.
El desarrollo arquitectónico posterior, no es sino fruto de reformas y cambios sobre una base ya totalmente establecida, que adecua a los nuevos gustos algunas estancias o zonas del palacio. Estas reformas tuvieron especial relevancia en determinadas épocas de la Edad Moderna, como la de mediados del siglo XVI, en que sirvió de residencia a los Duques de Calabria, con algunas adiciones de salas y escaleras, y remodelación de los jardines, entre otras actuaciones. A principios del siglo XVII en que se procedió a un cambio radical en la fachada con la adición de una galería sobre arcos, y se eliminó la escalera principal del patio. O a comienzos del siglo XVIII cuando se remodelaron algunas de las torres principales y se redecoró el interior de la capilla.
Jarrón con flores ante una vista del Palacio del Real de Valencia, obra de Miguel Parra (1819). Casita del Príncipe. real Sitio de San Lorenzo de El Escorial. Patrimonio Nacional
Aproximación a la imagen del Real de Valencia
La idea que tenemos del Real parte del análisis detenido del material gráfico que nos ha llegado, plantas y grabados que nos devuelven la imagen de un edificio de enormes proporciones, aunque con una cierta coherencia arquitectónica mantenida a lo largo de los siglos en su permanente articulación en torno a patios y en su configuración con torres esquineras destacadas. Mirando el frente de los sucesivos planos el Real se nos presenta como un conjunto articulado en torno a dos cuerpos claramente diferenciados: la estructura primitiva, denominada “Real vell o petit”, que es la situada hacia la derecha proyectada hacia la plaza, y la enorme mole del Real nuevo, a la izquierda, más cercana a la ciudad10.
El Real vell, más reducido, posiblemente fue el construido siguiendo la primitiva edificación, y en su momento, fue la parte más antigua del edificio. Conocido bajo este nombre en toda la época medieval fue totalmente remodelado en tiempos de Alfons el Magnànim, lo que explica que solo quedaran algunos restos parciales de su arquitectura original. Tenía adosada una serie de dependencias secundarias, todas ellas destinadas en sus inicios a las colecciones zoológicas, principalmente la denominada casa de los leones, y posteriormente a caballerizas y establos. Este cuerpo se articulaba en torno a un pequeño patio, y albergaba en la planta baja la capilla primitiva del Real. Tenía cuatro torres en las esquinas, conectadas entre si por estancias amplias, que luego fueron subdivididas. Con el tiempo este cuerpo se convirtió casi en un espacio independiente destinado a viviendas del alcaide del Real como rezan las leyendas de los planos de los siglos XVIII y XIX.
La gran mole de la izquierda algo retranqueada se organizaba también con dos patios, y fue realmente la parte más importante del palacio. El más grande era el que albergaba la escalera principal, adosada a uno de los muros y daba acceso en la planta superior a los salones principales. El pequeño también tenía una escalera por la que se accedía a la capilla alta de palacio, dedicada a Santa Catalina. Este cuerpo era donde se situaban tanto las estancias privadas de los monarcas como los espacios públicos y algunas dependencias de servicios como las cocinas en el piso bajo y en el alto, las salas de audiencias o grandes salas de aparato, donde se celebraron fiestas y recepciones en todas las épocas.
A mediados del siglo XV, las dependencias de la reina María de Castilla, esposa de Alfons el Magnànim que convirtió el Real en residencia principal, se situaban en torno al patio pequeño, en las inmediaciones de la capilla de Santa Catalina; mientras que las dependencias del rey, se ubicaban en la torre principal, denominada torre de los Ángeles, inmediata a la entrada al palacio. Este cuerpo, verdadero núcleo del palacio, con sus dos patios, sufriría las más importantes reformas de su arquitectura medieval original, entre los que destacaríamos la modificación de la escalera del patio principal y la alteración de la fachada. La escalera adosada a uno de los lados, que siguió el habitual sistema de escaleras en el patio, frecuente en la mayor parte de los palacios medievales del ámbito mediterráneo, fue sustituida por una en caja cerrada previa demolición de una serie de dependencias. El otro cambio, absolutamente radical en la fisonomía del palacio, y que se percibe en las plantas aunque es más visible en los alzados, es la introducción de la galería de arcos, en el frente principal, posiblemente para sustituir una fachada discordante y con reminiscencias medievales que en el siglo XVII se consideraría inadecuada.
Precisamente son los grabados y los alzados correspondientes a la campaña de planos de 1802 los que representan la fachada de un palacio, aunque todos ellos son de fecha tardía, por lo que debemos hacer abstracción de todos los añadidos setecentistas, para imaginar la impronta medieval. Ésta sobre todo se deduce de las torres, que probablemente conservaron gran parte de su estructura medieval, con encadenados de sillares en las esquinas y almenas en los remates superiores, a excepción hecha de la denominada torre del reloj, torre que pertenece al “real vell”, y se proyecta con fuerza hacia la plaza, que fue parcialmente modificada a comienzos del siglo XVIII introduciendo un cambio en su remate, realizado con planchas de plomo, siguiendo la fisonomía de las torres que se habían construido en la vecina Alameda.
También la denominada torre de los Ángeles, la más importante del palacio, porque albergaba las habitaciones del rey, sería decorada con un enorme escudo que se aprecia en los grabados. El resto de los cuerpos del Real mantienen también en parte los remates almenados y sobre todo se puede rememorar su imagen medieval a partir de las ventanas góticas, denominadas finestres de corbes, que solían tener una columnilla en el centro y arquillos lobulados a los lados. La galería de arcos y las ventanas cuadrangulares tras el balcón corrido es lo que modifica más rotundamente esta imagen introduciendo un elemento de ordenación clásica.
Detalle del Palacio del Real en la Naumachia de Carlos Francia, grabado de 1755.
Principales períodos constructivos en época medieval
Sobre la arquitectura primitiva que se consolidaría al poco tiempo de la conquista cristiana se realizaron a partir de 1238 reformas y nuevas construcciones que son la parte más difícil de establecer11. Realmente podemos afirmar que el Real valenciano se consolidaría en época de Pere el Ceremoniòs, quien en el mismo año de su subida al trono en 1336 visita Valencia12. Al poco tiempo comenzaría la importante reforma de la que queda constancia por algunas ápocas de compra de materiales. Desde 1340 se documentan la compra de columnas con sus basas y capiteles de flores de lis procedentes de Gerona y mármoles del Rosellón y la Cerdaña para la realización de la portada de la capilla. Pero esta etapa, quedaría truncada por las guerras con Castilla, cuando en el sitio a la ciudad de 1363, el Real fue incendiado por las tropas castellanas. La reconstrucción no fue inmediata y tras la negativa de la ciudad en 1369 a contribuir a las obras, se procedería finalmente, con cargo a las arcas reales, a consolidarlo como una gran residencia para los monarcas durante sus estancias en la ciudad de Valencia.
Será a fines del siglo XIV, pero sobre todo en la primera mitad del siglo XV cuando adquiera su configuración medieval definitiva. El propio rey Pedro IV, iniciaría nuevas obras en diversos lugares del palacio, contando para ello con el cantero Joan Franch, autor de los claustros de Santo Domingo o de San Francisco, y también maestro de la catedral, que se encargaba de la construcción de arcos y bóvedas en 1382-13. La actividad constructiva se hace muy intensa en estos años documentándose la utilización de la técnica de ladrillo tabicado en el Real, como uno de los métodos nuevos, rápidos, efectivos y económicos de realización de bóvedas, que incluso motivó el viaje a Valencia de dos maestros de Zaragoza, que por encargo del rey, debían aprender esta nueva técnica constructiva para emplearla en la Aljafería con posterioridad14. La construcción de arcos, bóvedas que también fueron de crucería con el sistema de relleno de cántaros en los senos, muros de piedra, porches y miradores se multiplica y posiblemente sería en esta época cuando se concluyó la parte principal del palacio denominada Real nou.
A partir de 1392, fue maestro en el Real, el “piquer” Mateu Teixidor, conocido por haber trabajado en la dirección de las obras del Puente de la Trinidad. Se fraguaba así una tradición que acompañó las obras ejecutadas en el palacio, en todas las épocas, la del empleo de los principales maestros de obras de la ciudad en su construcción. No podemos sino imaginar que el rey deseaba contar con los maestros más sobresalientes y con esto se desmiente una teoría que hasta ahora se había venido manteniendo, más por ignorancia que por causa conocida, que era la que consideraba que en el Real no trabajaron hombres de importancia. Los datos documentales nos vienen a demostrar todo lo contrario y en casi todas las épocas se contó con el concurso de los maestros más destacados. Otro maestro, esta vez de la catedral, el escultor Llobet realizaba en 1406 un nuevo portal de piedra para la capilla alta de Santa Catalina15, cuyas puertas de mármol habían sido arrancadas por el rey castellano Pedro I y trasladadas al alcázar de Sevilla. Otra capilla, más antigua, dedicada a los santos Juanes, se situaba en la planta baja del palacio, pasando a ser capilla secundaria; aunque también existieron oratorios privados en algunos de los dormitorios.
A la vez que se gestaba esta arquitectura, se iban realizando también las obras de consolidación en los jardines y huertos, y comenzaba el acondicionamiento de espacios para albergar una de las más destacadas colecciones zoológicas que tanto interesaron al rey Pere el Ceremoniòs. Hay constancia temprana de la presencia de leones en el Real desde 1352, posiblemente procedentes de la Aljafería donde estaban desde mucho tiempo antes. Todos estos elementos se asentarían con el tiempo en las siguientes épocas, en las que se continuaron ampliando las jaulas de animales e incrementando la colección con otras especies.
La época que se abre con el reinado de Alfonso el Magnánimo (1416-1458) es una de las más brillantes para el Real de Valencia. Monarca decidido a consolidar el edificio como residencia real, contó para ello con el elenco de los mejores artistas valencianos para llevar a cabo sus propuestas, algunas de las cuales pudo seguir de cerca coincidiendo con sus años de residencia en Valencia. Favoreció con creces el Real por delante de otras residencias de la Corona de Aragón, si exceptuamos Castelnuovo a partir de la definitiva conquista de Nápoles en 1442. Pero en Valencia, transcurrió la mayor parte de su estancia en la península en los años intermedios entre sus campañas italianas, entre 1424-32. Siendo crucial para la definitiva puesta a punto del Real valenciano, el hecho de que su esposa la reina María de Castilla fijara su corte y residiera como inquilina permanente en él.
La primera fase de obras que abarcó entre 1421 y 1425 fue la reforma de los apartamentos de la reina cercanos a la capilla de Santa Catalina16. A partir de 1421, Miguel Navarro, continuador de la obra de los claustros de San Francisco y cantero en otras obras reales como el Almudín, será quien construya las nayas o corredor de arcadas delante de la capilla alta del palacio, uno de los pocos restos conservados de fisonomía claramente medieval que se observa en el perfil de los planos. En esta época, y al igual que ocurría en otros palacios de la Corona de Aragón, como el de Barcelona, los aposentos del rey y de la reina, se encontraban separados en las denominadas “casas” o “apartaments”, en este caso, el de la reina era el situado en la zona inmediata a la capilla, en torno al denominado patio pequeño, y fue el que se reformó con mayor intensidad, ya que la esposa del rey Magnánimo, María de Castilla, prácticamente vivió durante toda su vida en el Real, hasta 1458 fecha de su fallecimiento. Los inventarios de la reina nos permiten imaginar un palacio suntuosamente decorado, con abundantes colecciones de tapices, los conocidos como “draps de raç”, pinturas en la capilla y el oratorio privado y ricos objetos litúrgicos, entre otros bienes. Esta galería de 6 arquillos con su perfil apuntado es perfectamente apreciable en el perfil cortado que aparece en los planos de 1802, porque el patio pequeño o patio de la capilla de Santa Catalina, nunca llegó a perder su fisonomía medieval, y conservó la escalera adosada en uno de sus lados y la naya hasta su demolición. Los arquillos restantes que se situaban en el otro lado del patio, se distinguen también en el plano de planta.
A partir de 1423 se acometió otra importante obra, que afectó al denominado Real vell, o parte más antigua del palacio, la situada hacia el este o derecha si miramos de frente al edificio, que iba a adoptar una estructura de cuatro torres angulares y patio central abierto17. Esta obra en 1432, cuando el rey marcha definitivamente a Italia aún no había concluido. Realizadas, por Guillem Just, maestro de las obras reales, durante la práctica primera mitad del siglo XV, se elevan cuatro torres cuyas estancias se cubrían con bóvedas tabicadas, y cuyo aspecto externo, con almenas, encadenado de sillares en las esquinas y ventanas “de corondas” son una de las imágenes que más reiteradamente se ha transmitido del Real valenciano. Tanto empeño puso el rey en esta obra, que la siguió incluso desde Italia; a Sicilia acudió el carpintero Juan Bonet en 1434 con la maqueta de las cuatro torres construidas en el Real, “per mostrar aquelles al dit Senyor Rey”18.
Las obras se completarían en el curso de los siguientes años, con la realización de una gran sala entre dos de las torres, cuyas ventanas y otros elementos de piedra, como portadas los realiza el prestigioso arquitecto Francesc Baldomar, quien estaba trabajando en el palacio desde 1441. Este arquitecto renovaría la gran escalera del patio, que en ese año se encontraba casi arruinada. Coetáneamente se reformarían partes del palacio, como la conexión entre esta parte antigua con la parte más grande del palacio, la del oeste o izquierda, que supuso la realización de otra torre sobre la llamada sala de los ángeles, habitación que usualmente ocupaba el rey. Para esta torre, también se realizó una maqueta de madera en 1441, ejecutada por el maestro Jaume Gallent, quien se convierte en el maestro de las obras del rey en sustitución de Just, y a quien conocemos entre otras obras por su colaboración con Baldomar en las torres de Quart19. Esta es la torre que en 1719 se adornaría con un gran escudo pintado, como se puede ver en algunos de los grabados de esa época. En el patio grande también destaca uno de los pocos elementos que mantuvo su fisonomía medieval con el paso de los siglos como es la torre de la escalera de caracol sustentada por una gran trompa.
En la segunda mitad del siglo XV, las obras realizadas son menores y se pueden considerar más de reparación y de acondicionamiento que sustanciales, salvo la cubierta de madera de la sala entre dos de las torres del “real vell”, que se describe como “bosellada e molt bella”, en 145920. Esta cubierta abre un interesante capítulo de carpintería en el palacio valenciano que a fines del siglo XV tiene entre sus destacados protagonistas, maestros de la talla de Guillem Gilabert, a quien más tarde se le encargarían los artesonados de la Calahorra (Granada) o Damián Forment21. Las reformas se sucedieron y es de reseñar porque casi coincide con la entrada del nuevo siglo, la importante actuación emprendida en 1501 en la sala contigua a la principal del palacio, a la que se accedía por la escalera principal, se cubriría por el novedoso sistema de vigas y bovedillas de yeso, decoradas “a la romana”, siendo éste uno de los más tempranos de la ciudad de Valencia22.
A fines del siglo XV, trabajaban también otros destacados maestros, en su mayoría de “obra de vila”; entre ellos Francesc Martínez alias Biulaygua, quien se encuentra al frente de las obras del Real desde 1471, y quien en 1480 realiza la escalera de ladrillo del patio de las cuatro torres; a éste le sucede en el cargo de maestro de las obras reales Pere Bevia a partir de 1493. Todos ellos realizaron diversas obras de consolidación y acondicionamiento en el Real que contribuyeron a fraguar la imagen medieval del edificio, una imagen que posteriormente se vería alterada con las reformas posteriores, emprendidas especialmente desde mediados del siglo XVI.

Vista del Palacio del Real (c. 1807) Ilustración dibujada por Antonio Rodríguez y grabada por Pedro Vicente Rodríguez. Biblioteca Nacional
Análisis de los principales elementos de la arquitectura medieval
El acceso principal del palacio se ubicaba en el frente de fachada, inmediato a la torre de los Ángeles, por una puerta sobremontada por los escudos reales, y desembocaba directamente en el patio grande, de más de 25 metros de lado. Los cuatro frentes del patio no eran totalmente uniformes porque en el lado este, este patio había incorporado restos de la arquitectura más antigua, primitiva del conjunto, y el muro era más bajo que el resto. El patio estaba presidido por la enorme mole de la escalera, de más de 3 metros y medio de anchura, cuyos tramos posiblemente apearían en pies derechos o en gigantescas ménsulas. Aunque la escalera se construiría en tiempos del rey Pere el Ceremoniòs, tuvo que ser renovada totalmente en 1441 por el maestro Francesc Baldomar, y no sería la última vez porque la barandilla sufría desperfectos cuando se agolpaba el gentío para ver correr los toros en las fiestas celebradas en el patio. Esta escalera fue sustituida por una escalera en caja cerrada en el siglo XVII. A este patio daban en la planta baja, diversas dependencias importantes. Entre las más significativas, la Audiencia que se disponía en el lado norte del patio. Esta sala quizá en origen se cubrió con un alfarje de vigas de madera, y hacia fines del siglo XV o comienzos del siglo XVI, esta cubierta se sustituyó por bóvedas de crucería, que son parcialmente visibles en uno de sus extremos en el plano de 1802.
En el lado este del patio principal se encontraba las habitaciones que se emplearían como dependencias del Mestre Racional, y que también se cubrían con bóvedas de crucería. Entre ambas estancias se situaba la gigantesca campana octogonal de la chimenea y horno de las cocinas principales del Real. En el mismo lado este, pero dando hacia los huertos y jardines, se encontraban uno de los pocos restos de la arquitectura más primitiva del Real, conocida como “casa dels marbres”. Este espacio, de pequeñas dimensiones, pero de delicada arquitectura, fue una de las partes descubiertas en la excavación de 1986 y destacaba por incorporar columnas de mármoles y arcos moldurados, y posiblemente también blancas yeserías. Probablemente sería una de las partes del palacio que aún conservaba elementos de la arquitectura preexistente. Presentaba una disposición simétrica y muy cuidada con una configuración abierta con arcos que daban hacia una alberca y los jardines, mientras que en la planta alta se abría un mirador.
Volviendo al patio principal, también destacaban dos de las esquinas, con unos interesantes elementos, en el ángulo noroeste, la escalera de caracol sustentada por una trompa volada, y en el ángulo sureste, un paso en esviaje sobre trompas, para la comunicación entre dos de los salones principales. El lado paralelo a la fachada principal tenía espacios destinados a caballerizas, y por el lado oeste se pasaba al patio pequeño.
El patio pequeño con su escalera de acceso a la planta noble y naya con sus correspondientes arquillos sobre columnillas, formaba un espacio casi autónomo, con todas las dependencias necesarias para la residencia de la reina. Por la escalera se accedía a la planta principal, donde destacaba la capilla, el dormitorio y oratorio privado de la reina, la sala de “paraments”, habitaciones para las criadas y miradores hacia los jardines de poniente. También en los pisos bajos de este patio, cocinas y dependencias de servicios atendían esta zona, desde el llamado patio del algibe que aprovechaba el agua de la acequia que discurría paralela a la fachada trasera. La capilla alta o de Santa Catalina, a la que la reina tenía acceso por una tribuna, se cubría en origen con cuatro tramos de bóvedas de crucería y se iluminaba tanto por rosetones como por ventanas en aspillera. Tenía dos accesos, uno por la galería de arquillos y otro por la portada principal que daba a uno de los salones más imponentes del palacio, paralelo al lado oeste del patio, con más de 50 metros de longitud y accesible por la escalera del patio grande. Estos salones y salas se iluminaban por enormes ventanas con arquillos y columnillas con sus sitis o festejadors.
Todas estas salas se comunicaban entre sí, y de una de las salas del patio pequeño se accedía a la gran sala paralela a la fachada principal del palacio y al lado sur del patio grande. A su vez desde esta sala se entraba en la denominada “cambra dels angels”, que comunicaba ya con los espacios destinados al rey. Esta habitación situada en la torre que en 1719 se adornó con un escudo, era la estancia principal del rey. Una habitación de grandes proporciones seguramente sustentada por una columna central y cubierta con vigas de madera sobre la que a mediados del siglo XV se construyó otra estancia aun mayor de más de 11 metros de altura, que también presentaba una columna central y abovedamiento de crucerías. Por una escalera de caracol se accedía a los terrados para poder colocar en ellos las banderas y la veleta principal. Desde la habitación de los ángeles se realizó en el siglo XV una comunicación directa con la zona del “real vell”, destinada en origen a proporcionar espacios privados para el rey.
Este “real vell” también se ubicaba en torno a un patio con una escalera que daba acceso a una nueva galería de arquillos. Las esquinas dominadas por torres, habían tratado de rehacer o recomponer una imagen ordenada del espacio. En la planta baja destacaba la antigua capilla de palacio, que fue utilizada durante un tiempo como capilla privada del rey. En el piso alto, se situaban diversas salas entre las torres, que también fueron reconstruidas con cuidadoso esmero en el siglo XV. La sala entre las torres en el piso principal se convirtió en sala de aparato con sus ventanas en fachada principal y al patio, y con su techo de cuidada carpintería. Hay continuas referencias en los documentos a la albañilería de bóvedas tabicadas, a portadas de cantería molduradas y decoradas con escudos y esculturas, a ventanas con sus arquillos sobre columnillas, a trabajos de carpintería, a decoraciones pictóricas, a pavimentos de azulejos de Manises, en definitiva, una riqueza de acabados que era impensable en las descripciones tardías del palacio que nos alertan más bien de su decrepitud. También destacaba en esta zona un cuerpo añadido a fines del siglo XV, mirando hacia los jardines traseros, que se componía de una serie de arcos de ladrillo en la planta baja y siete “studis o retrets”, en la parte alta. Este cuerpo sería utilizado con posterioridad como una galería con miradores hacia los huertos.
Adosadas al este del “real vell” se fueron ubicando diversas dependencias secundarias que con el tiempo irían creciendo. Especialmente, las zonas destinadas a establos, caballerizas y a las jaulas de animales, entre otros, la denominada “casa de los leones”, nuevamente dispuestas en torno a otro patio secundario.
Todas estas estructuras que estaban totalmente conformadas a fines del siglo XV, sufrirían reformas y constantes modificaciones en los siglos venideros, porque el Real aún habría de vivir interesantes capítulos como el de la corte de los Duques de Calabria o la visita a Valencia del rey Felipe III. Pero el análisis de estas reformas escapan el momento que nos ocupa y serán incluidos en el estudio monográfico. El periodo medieval es con todo el más significativo y en el que se fragua la impronta del palacio del Real valenciano. En él se dieron cita elementos constructivos propios del siglo XIV, y algunas de las peculiares soluciones exponente de la arquitectura del siglo XV, como las bóvedas de crucería y estrelladas, los esviajes, las trompas, las escaleras de caracol, las bóvedas tabicadas, los despieces de albañilería, las portadas, los alfarjes, los artesonados… en definitiva, una lección de arquitectura medieval que estamos tratando de recuperar.

Maqueta del Palacio del Real, realziada en la década de 1990. Museo Histórico Militar de Valencia

Detalle del Palacio del Real en el plano de Valencia de Tomás Vicente Tosca (1704). Ayuntamiento de Valencia

Plano del Palacio del Real (s. XVI). Varios de Topografía Española, Biblioteca Nacional

Plano del Palacio del Real (s. XVI). Varios de Topografía Española, Biblioteca Nacional

Plano del Palacio del Real, obra de Vicente Gascó (1761). Archivo del Reino de Valencia

Detalle del Palacio del Real en el plano de la ciudad de Valencia de Antonio Mancelli (1609). Ayuntamiento de Valencia

Detalle del Palacio del Real en el Mapa del Reino de Valencia de Francisco Antonio Cassaus (1693). Catedral de Valencia

Vista del río Túria desde el muro de la Trinidad (1762)
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Notas
1.- Sobre los jardines mirar INSAUSTI, Pilar de, Los jardines del Real de Valencia. Origen y plenitud, Valencia, 1993
2.- Sobre las excavaciones del Real ver LERMA, J.V., “Palau Reial. Valencia. L’Horta” Excavacions arqueológiques de salvament a la comunitat valenciana, 1984-88, vol. I, Intervencions urbanes, Generalitat Valenciana, pp. 204-207, 1990 y LERMA J.V., , El palau Reial, 50 años de viaje arqueológico por Valencia, Ajuntament de Valencia, 1998, pp. 93-95
3.- GÓMEZ-FERRER, M., y BÉRCHEZ, J., “El Real de Valencia en sus imágenes arquitectónicas”, Reales Sitios, 2003, pp. 33-47
4.- Los planos serán publicados en un libro coordinado por BOIRA, J.V., Els plànols del Palau Real de València, quien los encontró en la Biblioteca Nacional de Paris, con una serie de estudios de diversos autores, por el Ajuntament de Valencia
5.- Estos planos del siglo XVI son fundamentales para comprender el palacio en su etapa medieval, se encontraban en la Biblioteca Nacional de Madrid, en Varios de Topografía Española, fol. 312rº-314rº, Ms. 18225. Habían sido incluidos sin la referencia exacta en el libro de Insausti citado y en el libro de CORBIN, J.L., Desde los jardines del Real a la plaza de Tetuán, su entorno e historia, Valencia, 1985. Fueron analizados en el texto citado de GÓMEZ-FERRER, M., y BERCHEZ, J., (2003)
6.- Es el destacado plano de planta baja de Vicente Gascó conservado en el Archivo del Reino de Valencia, Planos, Bailia B, expediente 27, Plano del Real Palacio extramuros de la ciudad de Valencia, firmado por Vicente Gascó y fechado en 1761, con escala en palmos valencianos y con una leyenda de 50 números
7.- GÓMEZ-FERRER, M., El Palacio Real de Valencia, (en prensa)
8.- Chronica o commentari del gloriosissim e invictissim rey en Iacme... Valencia 1557, capítulo CX, fol. LXXIX vº
9.- BARCELÓ C., CRESSIER, P, y LERMA, J.V., “Basas y capiteles califales inéditos procedentes del palacio real de Valencia”, Archivo de Prehistoria Levantina, vol. XX pp. 407-433, 1990
10.- Para el análisis histórico y de los principales elementos arquitectónicos nos remitimos al artículo citado de GÓMEZ-FERRER, M., y BERCHEZ, J., (2003), donde se da cuenta precisa de los datos procedentes de archivo
11.- J. E., MARTÍNEZ FERRANDO, “Nuevos datos inéditos sobre el palacio del “Real” de Valencia” Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, 1945, pp. 165-174 menciona someros datos de obras entre 1302 y 1320
12.- Son varios los documentos mencionados por diversos autores que recogen obras del siglo XIV, “Mes documents sobre la cultura medieval” 13, 1928, p. 65, 24 de junio de 1342, adquisición de seis columnas con sus respectivos capiteles, sex columpnas lapideas cum capitellis decem palmorum (desde Gerona a Valencia), 1 de julio de 1342, compra de XI colones gallonades de IIII gallons de les quals haia cascuna colona de llarg VII palms de alna real de Valencia; 4 de marzo, el rey ordena a “N’Arnau Bonet guardia del palau reial de Valencia que sobre la cambra del rei n’hi faci una altra ben exceptuant dos finestres, i que el batlle general li lliurara el diner necesari”, el 22 de febrero de 1345, el rey manda comprar dieciseis columnas, el 15 de mayo de 1345, el rey manda pagar a “Ponç de Teixidor de Barcelona, encarregat de la obra del Reyal de Valencia, les despeses del viatge que feu a Perpinyà per a rebre les intruccions del rey”, 9 de mayo, nuevas órdenes de compra de columnas y 24 de junio de 1345; J.M. MADURELL Y MARIMON, “Pere el Cerimonios i les obres publiques” Analecta Sacra Tarraconensia, XI, 1935, repite algunos de estos datos
13.- Archivo del Reino de Valencia, en lo sucesivo ARV, Mestre Racional, sig: 11604, Johan Franch mestre maior dels piquers
14.- GÓMEZ-FERRER, M., “Las bóvedas tabicadas en la arquitectura valenciana durante los siglos XIV, XV y XVI” en Una arquitectura gótica mediterránea, Valencia, 2003, Vol. II, pp. 127-144
15.- ARV, Mestre Racional, 9203, 24 de septiembre de 1406
16.- ARV, Bailia 43, 10 de octubre de 1421
17.- GÓMEZ-FERRER, M., “Las bóvedas tabicadas...
18.- Este dato lo proporcionó SANCHIS SIVERA, J., en “La escultura valenciana en la Edad Media”, Archivo de Arte Valenciano, 1924, pp.21-22, ampliado y completo en GÓMEZ-FERRER, M., “Artistas viajeros entre Valencia e Italia, 1450-1550”, Saitabi, 2000, pp. 151-170
19.- SANCHIS SIVERA, J., “Maestros de obras y lapicidas valencianos en la Edad Media” Archivo de Arte Valenciano, 1925, p. 42
20.- ARV; Bailia, 50, 27 de abril de 1459
21.- ARV, Mestre Racional, 9148
22.- ARV, Mestre Racional, 9150
Texto de virtual museum mediterranean